Este zapato rojo perteneció a una deportada desconocida. Foto de John Halpern ©Musealia

Llevaban zapatos, como nosotros. De hecho, ellas llevaban zapatos de esos que ahora llevamos las modernas, de tirita y tacón cómodo. Iban vestidos, como tú y como yo, y les quitaron todas sus pertenencias. No sabían a dónde iban, pensaban que iban a volver y no entendían que les metieran en vagones para ganado. “Nos dieron un salchichón y un pan”, relatan algunos de los supervivientes españoles que llegaron al campo de concentración de Mauthausen pensando que les llevaban de vuelta a España. Según contaban ellos mismos, se metieron en los trenes no sólo porque querían volver a su país y ver a sus familias sino sobre todo, porque tenían hambre y les dieron un pan y un salchichón. Hubo españoles en los campos de concentración, sí, y lo cuento en esta otra entrada de mi blog. El 5 de mayo es el día nacional de homenaje a los deportados y deportadas, a las personas asesinadas y a todas las víctimas del nazismo.

“De pronto, a todo el mundo le parecía justificado y de hecho, necesario, tener una opinión sobre los judíos y expresarla en público”. La leyenda forma parte de Auschwitz. Not long ago. Not far away (Auschwitz. No hace mucho. No muy lejos), la exposición que se pudo ver durante meses en la Fundación Canal de Madrid y está en el Museum of Jewish Heritage de Nueva York hasta el 20 de agosto de 2020. Dos escenas se me han quedado grabadas: las caras de emoción de las mujeres ante Hitler y la curiosidad de las personas ante los disparos que llevaban a sus víctimas directamente a una fosa común. Los perros eran los únicos que mostraban el más mínimo instinto ante el horror. Por no hablar de la complicidad de unos médicos, los de los campos de concentración, que no se sentían culpables sino convencidos de “aliviar el sufrimiento” de sus víctimas o de unos ingenieros aeronáuticos que diseñaron aviones en tiempos de guerra “para la destrucción de seres humanos”.

“Los grandes crímenes empiezan por cosas pequeñas”. Los aliados ignoraron el primer informe de lo que estaba pasando en los campos de concentración y demasiada gente giró la cabeza para otro lado, exactamente igual que hacemos ahora ante los campos de refugiados, olvidando algunos episodios de nuestra historia que nunca más deberían ocurrir cuando se cumplen 75 años de la liberación de los campos de concentración. “Una línea recta une directamente la locura de la inflación en Alemania con la locura del tercer Reich”. El “Informe sobre la banalización del mal” de Hannah Arendt, escrito tras cubrir el juicio del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, refleja tan bien la situación como la película sobre la filósofa y pensadora. Lo mismo haríamos bien en viajar, leer más y ver mejor cine para entender mejor porque por desgracia, “El mundo de ayer” se parece demasiado a este mundo nuestro de hoy. Otro libro de cabecera para entender lo que pasó, las “Memorias de un europeo” de Stefan Zweig. “Auschwitz ocurrió, por lo que podría volver a ocurrir”, decía Primo Levi en 1986: “puede pasar, y puede pasar en cualquier lugar”. La cuestión es: ¿qué vida es la que eliges vivir?

Charlotte Delbo

Charlotte Delbo, escritora

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