Sí, es verdad. Visto con perspectiva, fue una imprudencia permitir la manifestación del 8M y una irresponsabilidad por nuestra parte acudir. Ahora me parece ciencia ficción que yo misma cogiera el metro para ir a clase y comer con una amiga el 10 de marzo y que el miércoles 11 todavía quedara a tomar café. Cuando me da por despotricar contra la inconsciencia de la gente ante el coronavirus, me miro a mi misma y se me pasa.

Sí, es cierto. Nuestros gobernantes han actuado tarde y los ciudadanos no nos hemos querido enterar. No, no soy votante del PSOE ni me encanta el gobierno que nos ha quedado, pero tampoco creo que haya en el mundo otro que lo pueda hacer mucho mejor ante una crisis como la del COVID-19. Lo que me preocupa es que de tanto repetirlo, nos acabemos creyendo el mensaje.

El problema no es el feminismo, no. Ni el feminismo, ni el ecologismo ni el pacifismo. Los derechos humanos no son nunca el problema, son siempre la solución. La del coronavirus no es una crisis española, ni italiana ni china. Por primera vez nos enfrentamos a un problema que afecta a toda la humanidad. Ahora más que nunca, es esencial proteger nuestros derechos universales fundamentales.