poco acceso a aproximaciones económicas alternativas«,
en el que
pedimos un modelo económico alternativo, modos de vida alternativos y
sostenibles, sistemas políticos alternativos… asistimos a la puesta en
marcha de varias campañas contra las pseudociencias y diversas
disciplinas «alternativas».
La Asociación Española de Comunicación Científica ha emitido un
comunicado en el que se manifiesta contra los cada más numerosos cursos
de contenido pseudocientífico en las universidades españolas tras la iniciativa de Alberto Fernández (bloguero de «Cerebros no Lavados«) de protestar en Actuable ante la inclusión de un curso en la Universitat de Girona sobre «Salud y Armonía del Hábitat». Según el diario El País,
el posgrado, orientado a arquitectos y diseñadores de interiores y
apoyado por la Agrupación de Arquitectura y Sostenibilidad del Colegio
de Arquitectos de Barcelona, «partía del estudio del electromagnetismo y
los efectos de los
campos electromagnéticos sobre la salud». La AECC critica la presencia de ciertas disciplinas «disfrazadas de ciencia» en los currículos académicos y habla de «actividades o conocimientos que no han demostrado su efectividad ni
tienen investigación rigurosa o permiten el análisis crítico y desde la
razón«. Estas disciplinas, que «nunca han sido demostradas», son «charlatanerías» y «palabrería barata» o «supersticiones pseudointelectuales» para algunos, mientras que el departamento de Arquitectura e Ingeniería de la Construcción, del que
forma parte el coordinador del curso, defiende la base
científica del postgrado y asegura que «hay bibliografía sobre el tema y artículos
publicados en revistas contrastadas».
«por la opción de tener un parto domiciliario amparado por la Seguridad
Social española». Una de cal y otra de arena. Sin embargo, me temo que
con la facilidad de cambiar las cosas «en un
solo clic», en ocasiones erramos (y entono el mea culpa, yo la primera)
al difundir textos que no hemos leido, hablar de lo que no sabemos o
«meter todo en el mismo saco».
En esta ocasión, me temo que hemos caido en en error de, como dice
un tal Kalikrates en un comentario al artículo publicado por el diario El Mundo, «mezclar churras con merinas«. Porque bajo el paraguas de la evidencia científica, en estos días se ha puesto en duda hasta la utilidad de la filosofía, el arte o la poesía. Y bajo la etiqueta de «pseudociencias» se está hablando de algunas disciplinas que, ni son ciencia, ni deberían pretender serlo,
aun en el caso de que se trate de excelentes herramientas para mejorar
nuestro bienestar, sanar patologías, hacernos seres más equilibrados y,
en definitiva, contribuir a nuestra felicidad. Algunas de las cuales, a
pesar de la falta de investigación rigurosa, sí han demostrado su
efectividad, por ejemplo en el ámbito sanitario.
Uni Laica ha denunciado incluso la creación de la Cátedra de Teología en la Universidad de Granada, pidiendo su eliminación. Un tal Aldous recuerda en un comentario al citado artículo que teología «es el estudio objetivo y empírico de los conceptos relacionados con las distintas divinidades, sin entrar a valorar la validez de las mismas pero siempre siguiendo métodos racionales no empíricos y análisis conceptuales».
También ha comenzado otra recogida de firmas contra la Facultad de Psicología
de la UGR, que otorgaba 8 créditos por la asistencia a un curso
pseudocientífico de «formación en constelaciones familiares». Sobre esta técnica de la terapia sistémica preparo un post a falta de documentarme mejor.
Y en estos días ha levantado polvareda el libro que ha editado el Servicio de Publicaciones de la Universidad de Córdoba sobre la «Sábana Santa» coordinado por Alberto Villar, hermano mayor de la cofradía Universitaria de Córdoba. La Facultad de Medicina de la Universidad de Valencia acogerá el próximo mes de abril el «Primer Congreso Internacional sobre la Sábana Santa en España«. El blog «La lista de la vergüenza» lo califica de «acto de carácter supersticioso y pseudocientífico».
Otra campaña puesta
en marcha en esta «cruzada contra las pseudociencias en la universidad»
ha sido contra la Universidad de Alcalá de Henares por incluir el curso «Especialización en Aplicaciones Terapéuticas del Qi-Gong», considerada una técnica «que no ha demostrado científicamente su validez terapéutica».
En la campaña se recuerda que «la esperanza de vida media actual se
debe a que tenemos una medicina basada en ciencia, es decir, en un
conocimiento basado en la evidencia» y se denuncia que «los fundamentos
del Qi-Gong se arraigan en el concepto de Chi, es decir, una energía
vital según la tradición oriental. Pero la tradición no es ciencia». De
hecho, «no hay estudios en la literatura científica que avalen la
existencia del Chi. Si la medicina ha avanzado es gracias a que se basa
en pruebas y no en un compendio de tradiciones aglutinadas de forma
acrílica». Se asegura que esta disciplina «no ha demostrado su
efectividad ni tienen investigación rigurosa que la respalde».
Mi
aportación en este punto es que la eficacia del chi-kung la puede comprobar cada cual
practicando y ver si mejora su forma física o su estado mental. Acerca
de su eficacia terapeútica son los profesionales que la están aplicando
quienes podrán corroborar sus efectos en pacientes, que hasta donde yo
sé están resultando bastante positivos. Y ambas experiencias son
independientes de -a la vez que compatibles con- las creencias de cada
cual en Dios o la energía universal. Dejemos que la ciencia nos
demuestre si existe o no la energía, ya que cada avance científico supone un paso adelante para la humanidad que, por su parte, sigue intentando APRENDER A VIVIR.