Para Sanidad falta evidencia sobre su efectividad

El Ministerio de Sanidad, Política Social e
Igualdad, en colaboración con expertos del Ministerio de Educación, ha
publicado el primer análisis de la situación de las terapias naturales. En el documento
se han identificado 139 técnicas aplicadas tanto en España como en el
extranjero y se señala que «todavía es muy escaso el número de estudios
publicados de suficiente calidad que proporcionen alto grado de
evidencia sobre su efectividad en situaciones clínicas concretas»,
aunque «esta ausencia de demostración de su eficacia no debe ser
considerada siempre como sinónimo de ineficacia
«. De las 97 páginas del informe, una decena se dedica a ofrecer
evidencias sobre la eficacia y seguridad de las
terapias naturales más usadas. Entre ellas, técnicas de trabajo mente-cuerpo como el yoga o la meditación.

El estudio,
que fue encargado por el Congreso en 2007 y en el que han
participado el Instituto de Salud Carlos III y algunas comunidades
autónomas, no ha encontrado pruebas del beneficio de la mayoría de
terapias naturales: «la eficacia de estas técnicas, medida en ensayos
clínicos, no ha sido demostrada en casi ningún caso. Solo una parte
tiene influencia directa sobre la salud, mientras que la mayoría
pretende ayudar, sobre todo, al bienestar y el confort del usuario
«. Según publica El País,
«en las terapias físicas y manuales (como la quiropraxia o la
osteopatía) se han observado efectos positivos sobre algunas dolencias«.

Expertos y facultativos del Sergas han
salido en defensa de estas técnicas. Defienden que la eficacia de la acupuntura o la homeopatía es mayor que lo que se
señala en el estudio y aseguran que «la comunidad científica occidental restringe sus aplicaciones no por un
proceso conspiratorio sino por desconocimiento«.

Según el informe, «no existe una regulación global sobre terapias naturales en ningún país occidental». En España, el Real
Decreto 1277/2003 reconoce unas unidades
denominadas «terapias no convencionales«.

La publicación del estudio coincide con la aprobación de la Ley de Medicina Natural
en Nicaragua, el segundo país más pobre de Latinoamérica. El texto
reconoce la existencia de «productos alternativos naturales y terapias
complementarias frente a la medicina convencional, las terapias
biológicas, productos de
herboristería y terapias naturales que aún no
han sido probadas científicamente» y concede «el derecho de la población a
decidir sobre el tipo de medicina o terapia bajo las cuales prefiere
ser atendida
«. También prevé el otorgamiento de «incentivos que promuevan
la investigación y práctica de
la medicina natural» y «subvenciones para el
desarrollo de la medicina alternativa» y promueve foros sobre medicina
natural, que define como «una de las formas más antiguas de curación de
la humanidad, cuya teoría,
práctica y aptitudes son basadas en elementos esenciales de la
naturaleza y del universo, sus leyes y principios como recurso
terapéutico y que son aplicadas a través de las diferentes técnicas y
procedimientos que se ejercen en las terapias complementarias». Como
ejemplo toma «la nueva medicina germánica que concibe al ser humano como
una
conjunción indivisible entre el Psique, el cerebro y la base orgánica
,
en conexión con todos los seres vivos y el entorno, en sus aspectos
socioeconómicos y cultural, considerando la identificación del conflicto
biológico que subyace en el origen de toda enfermedad».