“Ésta ha sido la enfermedad de la soledad”

“Ésta ha sido la enfermedad de la soledad”

“La población en España no ha estado apenas en contacto con la COVID-19, lo cual es para tener cuidado”. Pedro Landete, neumólogo en el Hospital Universitario de La princesa en Madrid recuerda que el vector es únicamente aquel que tiene síntomas y está en fase activa y aguda de la enfermedad pero en nuestro país, “la mayor parte de la población no sabe en qué momento inmunológico está” y “uno de los problemas más importantes de las pruebas es que no son 100% fiables”. Por ello creen que debería pasarse de fase “solo si tenemos responsabilidad cívica de no contagiar ni contagiarnos” y consideran que “en Madrid estamos muy bien como estamos” (en alusiones a la fase 0). Son algunas de las reflexiones del primer encuentro virtual de pacientes COVID entre personas confinadas, pospacientes y familiares organizado por Pacientalia a iniciativa de Acuam® HealthCare y con la colaboración del Instituto de Experiencia del paciente IEXP.

“Con la COVID-19 hemos aprendido andando”, explican unos profesionales que insisten en que “esto no se ha acabado, depende de nosotros que se acabe”. Lo más importante es el lavado de manos con agua y jabón y evitar tocarse la cara con las manos. Las mascarillas son importantes en la fase de la desescalada porque no se va a poder guardar la distancia de seguridad, para lo cual las quirúrgicas o higiénicas son suficientes. “Si llevamos mascarilla y nos lavamos las manos la probabilidad de infectarnos es poca”. Lo que hay que evitar son los guantes, que crean una falsa sensación de protección y no aportan nada. “De nosotros depende que tomemos las medidas necesarias de prevención”.

Para evitar que la fatiga se convierta en fatiga crónica tras pasar la enfermedad, la regla de las tres P: priorizar los cuidados; pausar, encontrando un ritmo adecuado y planificar el día a día. Pero las heridas de este virus no son sólo físicas, sino también emocionales.

El aislamiento puede llevar a duelos patológicos

“Ésta ha sido la enfermedad de la soledad. Las circunstancias que han rodeado las pérdidas han sido particularmente difíciles. En muchos casos las despedidas no han tenido lugar porque no nos ha dado tiempo a avisar y eso puede dar lugar a muchos duelos patológicos”, alertan las profesoras de Psicóloga en la facultad de Medicina de la Universidad CEU San Pablo presentes en el encuentro que recuerdan que no todos los duelos son patológicos. Para prevenirlos “hay que permitirse hacer un ritual de despedida y permitirse las emociones asociadas”. Las profesionales dejan también un mensaje tranquilizador para las familias: “los pacientes han estado acompañados en todo momento por el personal sanitario”.

La pandemia está pasando una factura psicológica también a quien no ha sufrido la pérdida y ello es debido a que estamos en un momento de muchos cambios en que no hay periodo de adaptación. Un aspecto clave para afrontarlo es la aceptación, “porque la vida en sí es un riesgo. Centrarnos en el presente y en lo que podemos hacer es una estrategia fundamental frente a la incertidumbre. Es importante conectar con nuestros valores y centrarnos en el presente”, porque “las preocupaciones consumen toda la energía que necesitamos para vivir y nos cansan muchísimo. A lo mejor podríamos empezar a dar gracias todos los días por esas pequeñas cosas por las que podamos estar agradecidos”, sugiere Cristina Velasco. Y es que en tiempos de coronavirus, la salud emocional es tan importante como la física.

“Las emociones no son ni buenas ni malas, son saludables cuando son adaptativas. La tristeza es una emoción completamente normal, a veces hay que llorar y por estar triste no pasa nada”, explican. Pero estas mismas emociones dejan de ser saludables “cuando la frecuencia o intensidad es tan elevada que no sólo genera malestar, sino que bloquea la toma de decisiones”, según Gema Pérez. Cuando nos incapacita para tomar decisiones, “lo más importante es bajar el nivel de intensidad emocional”. El síndrome de ansiedad y depresión comienza a ser un problema cuando empieza a dificultar tu vida o te encuentras en una tristeza profunda: “entonces habría que pedir ayuda”.

El miedo, que “nos salvaguarda de un montón de peligros, aparece también durante la desescalada. “Es importante exponerse y salir”, en opinión de las psicólogas. “Hay muchos trabajadores con terror a volver a trabajar”, según queda de manifiesto en las conversaciones por el chat. También el exceso de información puede crear ansiedad. Por ello es importante recurrir a fuentes fiables. “Con la información también hay que tomarse descansos y tiene que ser adecuada en cuanto a calidad y cantidad, porque si no puede hacer que la gente se sienta muy confusa”, recuerdan estas profesionales. No hay que olvidar que “el confinamiento lo que ha hecho es crear distanciamiento físico, pero no social”.

“La COVID-19 va a dejar huella”

En su opinión, “esta situación está haciendo que la gente crezca, que se dé cuenta de que podemos más de lo que pensamos”. De lo que no hay ninguna duda es de que “la COVID-19 va a dejar huella”, para bien y para mal. “Con mucha probabilidad será un estresor crónico que haga que cambiemos la perspectiva”. La buena noticia es que la enfermedad no va a dejar secuelas a todo el mundo. De hecho, “la mayor parte de la gente se recupera sin secuelas”. La mala, que “a partir de ahora se van a minimizar las visitas hospitalarias”, por ejemplo, porque el coronavirus “ha cambiado el trabajo en hospitales y centros de salud”. El encuentro termina con un mensaje de esperanza: “de ésta saldremos”.

 

María Miret García @periodistia
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Publicado el

25/05/2020

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