Año nuevo, vida nueva

Lo encontré en la tienda del Centro Pompidou de París. Es una de mis tiendas de museo favoritas, seguida de la del Museo Thyssen de Madrid. Me dieron ganas de tocarlo nada más verlo y el tacto me llevó al olfato. Ese olor a plástico nuevo me recordó aquel plumier de tres pisos que tuve algún año en el colegio. Su recuerdo me hizo acordarme de los estuches llenos de rotuladores, del forro de los libros, del uniforme escolar.

Y recordé la de veces en que estrenabas durante aquellos años escolares: los libros recién forrados, los zapatos nuevos, el abrigo impecable, la cartera tiesa antes de ser usada y el olor, ese olor a plástico de la mochila nueva. Como adultos, podemos pasar años en el mismo trabajo, con la misma pareja, viviendo en la misma casa. Estrenamos ropa, sí; a veces coche y muy de vez en cuando, cambiamos de vida.

Cuando empieza el curso escolar en parte del planeta y estrenamos año en casi todo el mundo, pienso lo importante que es para el ser humano estrenar. “Año nuevo, vida nueva”, decimos. Estemos o no en el comienzo de un nuevo curso, qué necesidad tenemos, de vez en cuando, de estrenar vida, y qué poco la atendemos. Aunque solo sea una vez en la vida.