Foto: https://aramalikian.com

El violinista, en concierto en Madrid

Un refugiado. Un refugiado con un violín. Un instrumento que le salvó de la guerra en el Líbano, de donde logró salir gracias a la música. El mismo violín que años antes, sacó de Armenia a su abuelo, que pudo escapar con un grupo musical. Fue el único superviviente en su familia del genocidio en aquel país.

Lo cuenta en un español perfecto, con acento, en un relato salpicado de humor en el que narra historias como la desternillante de Alfredo Ravioli. Lo hace con la misma sensibilidad con la que recuerda a los más de 60 millones de refugiados que hay en el mundo o con la que toca su violín. Un instrumento “que no es MI violín”, dice, “sino que yo soy su violinista”, dado que el instrumento siempre sobrevive al músico. Eso sí, si no lo cuidas, el instrumento se muere, explica.

Sólo a él se le ocurre tocar al violín una de Led Zeppelin, interpretar a David Bowie o un tema de Pulp Fiction. Y va y lo mezcla con el Requiem de Mozart o con Paganini. Y todo ello mientras baila, salta o gira sobre sí mismo. Ara Malikian ha escrito un antes y un después en la historia de la música. Y con ello, ya ha hecho historia. Verle en directo era uno de mis sueños y lo he cumplido a finales de 2017 en el WiZink Center de Madrid (España), que el violinista casi ha llenado, en un concierto que ha puesto en pie a un público al que ha regalado más de 2 horas de espectáculo, paseando a su lado mientras tocaba su violín entre las butacas.

Algún día, cuando Ara nos deje esperemos que dentro de muchos, muchos años, espero que haya otro violinista preparado para que su violín pueda tocarle, con la misma sensibilidad, el “Requiem por un loco”.

Hasta entonces, larga vida al refugiado y su violín.