Y no, no “defiendo” las pseudociencias

Hace tiempo recibía el comentario de un lector, al que intuía algo “enfadado” (dentro de lo engañosas que pueden ser las conversaciones virtuales), que me preguntaba si yo defendía las pseudociencias. Así que le agradezco el empujón y bastante tiempo después, “me mojo” por si hay algo que no está claro después de todo lo que llevo algo escrito sobre el tema.

Obviamente no, no soy una “defensora” de las pseudociencias y menos de algunas técnicas que, precisamente porque conozco bien, considero incluso peligrosas, sobre todo en manos poco profesionales y menos éticas. De hecho, me preocupa la falta de rigurosidad que detecto en algunos sectores de lo -generalizando mucho- llamado “alternativo”. Ahora bien, lo considero inversamente proporcional al creciente cientifismo que niega cualquier dimensión humana -trascendente, ética, estética, artística, filosófica, metafísica…- que no pueda comprobarse de manera inmediata con absoluta evidencia.

Y más grave me parecen ambos problemas en el ámbito de la salud. Qué pobreza de ser humano el que espera a que la ciencia le explique lo que ocurre en su cerebro cuando medita sin atreverse a experimentar lo que la humanidad lleva siglos comprobando por sí misma. Creo, por ejemplo, en quien se atreve a experimentar lo que le aportaba la meditación, la danza o un abrazo mucho antes de que los investigadores expliquen lo que sucede al comprobarlo. Lo que no quita que, efectivamente, yo también he sido una escéptica y mantengo lo que llamaría un sano escepticismo, que considero necesario e inteligente conservar.

Además de escéptica, entre otras muchísimas cosas, a lo largo de mi vida también he sido analfabeta emocional. Después de años de trabajo personal y práctica de cuerpo-mente, puedo decir que cada vez me siento más completa y que me acerco más a la felicidad cuanto más integro mi racionalidad con mis emociones, mi dimensión corporal e incluso, porqué no, la espiritual (que entiendo en un sentido trascendente, como ya he explicado en más de una ocasión).

Sí, “defiendo” la ciencia porque es un ámbito que también conozco bastante bien y creo firmemente en la investigación científica. También soy una enamorada de todo lo que contribuya sanamente a hacernos seres más completos y en definitiva, humanos más felices. Así que, aunque no me gusta eso que considero a veces tan limitante de “defender” algo (ya que no creo que de eso se trate, sino de dialogar, porque más que blancos y negros yo veo muchos matices de colores), de ser algo, en todo caso me considero una defensora del sentido común.