A propósito de la Spanish Revolution

El milagro ha vuelto a ocurrir: miles de personas tomaron las calles de varias ciudades españolas de manera pacífica el domingo 19 de junio. Tienen diversas ideologías y creencias pero les une su indignación. Las protestas se han extendido de nuevo a Europa. En estas semanas se están moviendo muchas cosas.

Instintos. Lo escribí en su momento y ahora lo reitero. Los cambios producen miedo y, ante éste, tenemos varias opciones. Podemos quedarnos atrincherados en casa, buscando mensajes que nos corroboren que las miles de personas que se han manifestado por una Democracia Real son extremistas que van por la vida armados y pegando palos… o podemos trabajarnos nuestro propio miedo, que es un instinto de supervivencia que nos protege de las amenazas, enfrentarlo y salir a la calle para comprobar lo que pasa y, si nos gusta, unirnos al movimiento.

Razón. A otros y otras es la mente la que les ha jugado una mala pasada y argumentan que no se unen a la Spanish Revolution porque no están de acuerdo con TODO lo que se pide. Toma, ni yo. La solución es participar, expresar tus desacuerdos y proponer alternativas. En este caso, me temo que nos traiciona nuestra falta de práctica en la participación ciudadana y la escasa responsabilidad social que existe (o existía) en España.

Emociones. También algunos y algunas nos hemos dejado arrastrar por las emociones. Por ejemplo, me comentan que durante alguna de las asambleas celebradas en Acampada Sol se propuso la supresión de las embajadas. Menos mal que alguien apuntó que, sin ellas, no sería posible la labor de muchas organizaciones no gubernamentales para el desarrollo en países que necesitan su presencia.

Existen, por último, depredadores, personas que intentan manipular a quienes tienen a su alrededor y utilizar el movimiento 15M a su favor y no para el bien común. Lo cual se evita si nos mantenemos en nuestro centro. Y desde ahí podemos quejarnos con razones tan sólidas como los 5 millones de parados/as, la burbuja inmobiliaria o la falta de vivienda y trabajo para los y las jóvenes.

Ni me gustan ni me parecen positivos los extremismos. No me considero de derechas ni de izquierdas porque creo que es momento de trascender las polaridades. No coincido con algunos discursos que me recuerdan que, si el capitalismo es nefasto para el ser humano, los sistemas comunistas -igual que los fascistas- también lo fueron. Tampoco me identifico con algunas de las consignas que he escuchado en manifestaciones como la del 19J, que no son pacíficas porque tampoco hay paz en quien las emite. Nos quejamos de los políticos y los banqueros, así en general, y se nos olvida que hay excepciones, y muchas. Me vienen a la mente Joan Melé, subdirector de Triodos Bank, que es un ejemplo de que la banca ética es posible, o los bancos solidarios de microcréditos. En lugar de insultar, me parece más apropiado exponer argumentos con sentido: apoyamos en su momento el rescate de los bancos porque iban a dar crédito a particulares y empresarios y ahora esos mismos bancos niegan el hipotecas y préstamos a individuos y empresas. Tengo a mi alrededor varios casos cercanos y seguro que no soy la única.

Sí me convencen las propuestas imaginativas, como esta original forma de pedir un referendum. Y me alegra que las reivindicaciones vayan dando sus frutos, como muestra el hecho de que el Congreso haya aprobado por unanimidad estudiar propuestas del 15-M, que algunos expertos consideran viables, según informa el diario Público. Un sueño hace unos meses, hecho ahora realidad.